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MÁS SOBRE EL INVERECUNDO RICARDO LAGOS ESCOBAR

Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa
Por Luis Casado
Fuente: www.elclarin.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=9817&Itemid=2241 
 
En estos tiempos tan azarosos para el personal y de tanta irresponsabilidad para quienes manejan la manija, la iglesia católica puso de moda la “repentencia” cuya noción, según el diccionario, mezcla el doloroso arrepentimiento que se tiene de sus pecados y el deseo de hacerse perdonar. Justo para darte un ejemplo, refiriéndose a la Inquisición, Juan Pablo II se  refirió a los "errores de exceso" y condenó en varias ocasiones el uso de "la intolerancia y hasta la violencia en el servicio de la verdad" de los  inquisidores… ¡en 1982! o sea con un retraso de unos tres siglos con relación  a los desmanes y crímenes de los inquisidores.


El mismo Juan Pablo II rehabilitó con tres siglos de retraso a Galileo Galilei, pero no tuvo el coraje de hacer lo propio con Giordano Bruno, torturado durante años por la Inquisición y luego quemado vivo el 17 de  febrero del año de gracia de 1600 por orden expresa del Papa Clemente VIII.

Se ve que la “repentencia” es como el advenimiento del crecimiento con equidad y la obtención del salario ético: no solo lleva mucho, mucho tiempo, sino que también es un proceso difícil y doloroso: sobretodo para quienes esperan los  resultados, ¡No te jode!

Gracias a Chirac, el Estado francés terminó por reconocer su responsabilidad  en la razzia de decenas de miles de ciudadanos judíos que fueron entregados a los nazis, enviados a los campos de concentración y asesinados salvajemente. Tal “repentencia” solo tomó sesenta años.

De ahí que uno no entienda la vox populi santiaguina que considera -masivamente-, las excusas de Ricardo Lagos a propósito del Transantiago como tardías.

Porque ya puestos a hilar fino, uno pudiese subrayar el carácter mediotintero  de las excusas de Su Poquedad, muy en su línea “de la medida de lo posible” y  de las “reparaciones simbólicas”, ofreciendo disculpas que le dejan la principal responsabilidad a su sucesora, culpable entre líneas de “la forma en  que se implementan las cosas”.

Cargándole el muerto a un “soporte tecnológico” inexistente el 10 de febrero, fecha del inicio de la catástrofe, Su Poquedad declara desde lo alto de su  suficiencia: “No sé qué habría hecho yo si hubiera estado sentado donde está la Presidenta".

Lo que sí sabemos es lo que hizo y hace sentado en otro tipo de trono: echarle  la culpa a Michelle.

Hernán Larraín, quién se descubre una vena de profesor de “caballerosidad” y probablemente de hijo putativo del Quijote, tilda esta actitud de “poco  caballerosa”. Pobre Hernán, siendo quién es y estando donde está hace como si no supiera que todo esto no tiene nada de personal, que se trata solo de  negocios… El personaje de Don Corleone tenía al menos el mérito de la  franqueza.

Que uno sepa ni Hernán Larraín ni sus amigos de la UDI se han decidido aun a hacer acto de “repentencia” por los crímenes cometidos durante la dictadura con su anuencia, silencio y entusiasta apoyo. Puede que imitando a Juan Pablo II lo tengan programado para dentro de tres siglos. Pos bueno, pos vale, pos m’alegro, en todo caso no tienen para qué agregarle la infamia a la hipocresía.

Volviendo a Ricardo Lagos, y siempre en la tesitura de hilar fino olvidando lo  tardío de sus hipócritas excusas, uno pudiese refrescarle la memoria a  propósito de las “repentencias” que le quedan por hacer: el lobby para la liberación de Pinochet, la inauguración del trencito Victoria - Puerto Montt, la EFE, Chiledeportes, los jarrones de la CORFO, el affaire GATE, los sobresueldos, la distribución del ingreso (que la iglesia y hasta su propio ministro de hacienda califican de “vergonzosa”), la miserable calidad de la educación dejada como una bomba de tiempo…

En fin, que si se trata “repentencia”, o sea de mezclar el doloroso arrepentimiento que se tiene de sus pecados y el deseo de hacerse perdonar, Su Poquedad tiene laburo para rato entonando la conocida plegaria que dice: “Por  mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa…”
 

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