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LOS INVERECUNDOS DE CHILE

INVERECUNDO Y CONTUMAZ ENCUBRIDOR VA DE CANDIDATO A PRESIDENCIA MUNDIAL DE LA INTERPOL

EL PASADO QUE INCOMODA AL DIRECTOR
DE LA POLICIA DE INVESTIGACIONES DE CHILE

Por Mónica González y Cristóbal Peña, www.ciperchile.cl, 23 Mayo, 2008.

Arturo Herrera desarrolló casi la mitad de su carrera policial en dictadura. Primero trabajó en Policía Internacional y fue escolta y ayudante del general Ernesto Baeza, quien dirigió Investigaciones hasta 1980 y prestó estrecha colaboración a las actividades de la DINA en el exterior.

Después se transformó en uno de los hombres de mayor confianza del general Fernando Paredes, sucesor de Baeza y promotor de una férrea política represiva en la institución. Fue Paredes quien le enseñó a jugar golf y le confió el cuartel Papudo, creado con el propósito de cautelar y atender los descansos del antiguo director en ese balneario. Dos décadas después, el pasado sigue presente en el mando del actual jefe de la policía civil.

A juzgar por su currículo laboral, la carrera que realmente importa de Arturo Herrera Verdugo parece haber arrancado recién a comienzos de los '90. Desde entonces sus actividades aparecen perfectamente detalladas en el portal institucional, año por año, misión por misión.

De los años previos al retorno de la democracia, el director de la Policía de Investigaciones consigna únicamente que ingresó a la institución en marzo de 1971, con 19 años, y que a partir de entonces, sin señalar fechas ni funciones específicas, "ha servido en diferentes zonas del país y en importantes reparticiones policiales, tales como: Extranjería, Inteligencia, Homicidios, Dirección General, entre otras".

Con casi 37 años de servicio, cinco y medio de los cuales ha dirigido a la Policía civil, la trayectoria de Herrera Verdugo tiene bastantes más claroscuros y matices de los oficiales y de los que sugirió hace una semana el Presidente venezolano. 

Basándose en lo que calificó como simple información disponible en Internet, Hugo Chávez acusó al jefe de la policía chilena de estar involucrado en la operación "Retiro de Televisores", ordenada por Pinochet en 1979 después del descubrimiento un año antes de los cuerpos de desaparecidos enterrados en los hornos de Lonquén. La operación estaba destinada a exhumar los restos de ejecutados políticos en todo el país para lanzarlos al mar y así borrar toda huella de sus asesinatos.

Chávez aludió a la supuesta intervención que habría tenido Herrera para beneficiar en 2005 al entonces jefe de la II división de Ejército y juez militar de Santiago, general Miguel Trincado Araneda, quien en un informe de la Brigada de Asuntos Especiales y Derechos Humanos de Investigaciones fue señalado como el responsable de la exhumación ilegal de 26 de los cadáveres de los desaparecidos de Calama, enterrados secretamente en 1973. El hecho trascendió a la opinión pública y provocó el retiro obligado del general Trincado.

Lo que está claro es que, a partir del golpe de Estado, recién egresado de la Escuela de Investigaciones, el actual jefe de la policía civil desarrolló una carrera silenciosa y de bajo perfil, ligada directamente a los dos generales de Ejército que encabezaron la institución bajo el régimen militar.

En un principio fue escolta y ayudante del general (r) Ernesto Baeza, y a contar de 1981, cuando éste debió entregar el mando por el asesinato del estudiante de periodismo José Eduardo Jara a manos de un comando de detectives (Comando de Vengadores de Mártires, COVEMA), se convirtió en ayudante y hombre de confianza del general (r) Fernando Paredes. Ambas administraciones estuvieron marcadas por acusaciones de torturas, asesinatos y obstrucción a la justicia en casos de derechos humanos.

Pese a haber desarrollado casi la mitad de su carrera en dictadura, ninguna de esas funciones se consigna en la trayectoria del hombre que hoy ostenta la jefatura interina de Interpol y que aspira a ser confirmado definitivamente en el cargo en la elección que se llevará a cabo en octubre de este año en San Petersburgo, Rusia.

La amenaza de Iturriaga

Ahora fue Hugo Chávez quien reactivó la curiosidad por el pasado de Herrera. Pero hace un año, cuando el ex jefe del Departamento Exterior de la DINA, general (r) Raúl Eduardo Iturriaga Neumann, se dio a la fuga para evitar ingresar a la cárcel y cumplir una condena a 5 años por el secuestro del estudiante Luis San Martín, aún desaparecido, detectives antiguos –activos y en retiro- recordaron con preocupación la relación del prófugo con el actual director de Investigaciones.

Una relación que el propio Iturriaga Neumann se encargó de recordar 52 días después de darse a la fuga. Al ser detenido en Viña del Mar por un grupo de detectives, el retirado militar comentó a sus captores: "Yo conozco bien a su jefe".  Iturriaga Neumann se refería a una relación surgida tres décadas atrás cuando poco después del golpe de Estado, y siendo ya un alto oficial de la DINA, comenzó a viajar al extranjero en misiones de terrorismo internacional. Muchas veces lo hizo con Michael Townley, como quedó acreditado en el juicio por el asesinato del general Prats. Y en múltiples oportunidades lo hizo con pasaporte falso, identidades que también quedaron registradas en su prontuario.

También quedó consignado el modus operandi que utilizaba Iturriaga, que ya dirigía el Departamento Exterior de la DINA, tanto para sus viajes como para el de los agentes que enviaba al exterior con distintas misiones.

"Gigio (sobrenombre de Iturriaga) llamaba por teléfono a la dirección general de Investigaciones y partía con su gente al aeropuerto. Allá ya todo estaba arreglado. A medida que los viajes se hicieron más frecuentes, los policías del aeropuerto ya nos conocían", dijo Michael Townley en una de sus declaraciones.

Fue entonces que el joven Arturo Herrera, destinado a Policía Internacional desde 1973, comenzó a familiarizarse con Iturriaga y los desplazamientos de los agentes de la DINA así como con las detenciones practicadas en el mismo terminal internacional y de las cuales no quedaba registro.

Puesto de confianza

A juzgar por cómo continuó su carrera el joven Arturo Herrera, su desempeño en el Departamento de Extranjería a principios de la dictadura debe haber sido óptimo. Porque en 1976 fue promovido a un puesto de absoluta confianza: al gabinete del director de Investigaciones de la época, general de Ejército Ernesto Baeza Michaelsen.

Fue un año después de que la DINA echara a andar la Operación Cóndor, la coordinación con los servicios represivos de las dictaduras del Cono Sur para la eliminación de opositores. También, el momento en que Manuel Contreras incrementó el despliegue de sus agentes por distintos países, ya sea para el seguimiento de opositores o para su eliminación, como ocurrió con el asesinato de Orlando Letelier en Washington, en septiembre de 1976.

De allí que surgiera como una necesidad prioritaria para el Departamento Exterior de la DINA una estrecha coordinación con Investigaciones para que sus agentes no fueran interceptados ni retenidos al salir o entrar del aeropuerto con identidades falsas. También, para que no quedara huella de sus pasos.

En 1976, en la fase operativa más importante de la DINA, Manuel Contreras escogió a uno de sus oficiales de elite para la función de enlace con la dirección de Investigaciones: Raúl Eduardo Iturriaga Neumann. El mismo oficial procesado como autor del asesinato del general Carlos Prats en Buenos Aires y por la desaparición de 119 chilenos detenidos en Chile y hechos aparecer como asesinados por sus propios compañeros en el extranjero, entre otros.

Iturriaga, oficial formado en la Escuela de las Américas, era la mejor carta: estaba casado con Mireya, la hija regalona del general Baeza, director de Investigaciones. Una de sus funciones mas delicadas la cumplió entre enero y abril de 1978, cuando Estados Unidos pidió la extradición de Michael Townley por su implicancia en el crimen de Orlando Letelier, y Manuel Contreras se resistía a entregarlo. Iturriaga era amigo de Townley y obtuvo la ayuda de Investigaciones para esconderlo y ayudarlo hasta que finalmente, en abril de 1978, ya no pudo evitar su expulsión.

En muchas oportunidades su interlocutor en el gabinete de Baeza fue Arturo Herrera.


Ayudante del general Paredes

El actual jefe de la policía chilena no asistió a la caída del general Baeza. En 1978, dos años antes de que éste fuera arrastrado por la muerte del estudiante José Eduardo Jara, Herrera fue destinado a la comisaría de Las Condes. Fue una destinación feliz. Allá conoció a quienes se convertirían en dos de sus principales amigos y hombres de confianza: Luis Alarcón y Rafael Castillo.

El primero es hoy subdirector Administrativo de Investigaciones y tercero en la línea de mando; el segundo fue hasta el año pasado jefe de la Brigada de Asuntos Especiales y Derechos Humanos. Lo ocurrido con el general Trincado terminó con la amistad entre ambos policías, que llegarían a tener una relación de compadrazgo y destinos encontrados: a Castillo le corresponderá investigar un caso en que Herrera se vería involucrado de manera indirecta a principios de los '80, cuando estando en la Brigada de Homicidios fue llamado nuevamente al centro del poder de la policía civil como ayudante del general de Ejército Fernando Paredes, sucesor de Baeza en la dirección de Investigaciones.

Durante el desarrollo de la última etapa en la investigación judicial del crimen del líder sindical Tucapel Jiménez, asesinado por un comando CNI-DINE en febrero de 1982, quedó en evidencia –con pruebas documentales- la estrecha colaboración y coordinación entre la Policía de Investigaciones, la CNI, la DINE y el equipo antisubversivo del régimen militar encabezado por el fiscal Fernando Torres Silva en lo que se llamó la "Comunidad de Inteligencia". Una acción enfocada tanto a la obstaculización de la acción de la justicia en los procesos sobre asesinatos y tortura de opositores como para acciones represivas.

En una maniobra claramente ilícita –sancionada en el artículo 246 del Código Penal-, el entonces director de Investigaciones informaba a sus pares, antes que al juez que llevaba la causa, de los resultados de las diligencias que obtenían los detectives asignados a la investigación como también de las pruebas que aportaba la parte querellante.

La acción buscaba impedir a como diera lugar que la investigación avanzara en la identificación de los verdaderos autores del crimen de Jiménez así como del asesinato del carpintero Juan Alegría, ideado y perpetrado por agentes de la DINE para intentar sepultar sus huellas a través de una supuesta carta póstuma en donde Alegría se declaraba culpable del crimen de Jiménez.

En una de esas minutas "confidenciales" que la investigación judicial de los '90 pudo recuperar, enviada desde la ayudantía del despacho del director Paredes, donde actuaba Arturo Herrera, se adjuntan dos retratos hablados de los asesinos y fotografías de la huella dactilar revelada en la parte interna de la aletilla de una puerta del automóvil de Jiménez y reloj marca Jaeger Le–Coultre, sustraído a la víctima e identificado con el Nº 882747.

La minuta, así como otras similares incluidas en el expediente por el crimen de Tucapel Jiménez (foja 333 del Tomo VI), va dirigida a todos los jefes de la que llamaron "Comunidad de Inteligencia", integrada entonces por el general Humberto Gordon, director de la CNI; el general Arturo Alvarez Scoglia, director de Inteligencia del Ejército; el vice-Almirante Ronald Mac-Intyre, jefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional; el general Vicente Rodríguez, director de Inteligencia de la Fuerza Aérea; el general Mario Mac-Kay, subdirector de Carabineros, y el comandante Raúl Monsalve, director del Servicio de Inteligencia Naval.

Los mismos antecedentes fueron entregados mucho después al juez que instruía la causa, Sergio Valenzuela Patiño, en un parte oficial fechado el 12 de abril de 1984. La investigación judicial reveló también la llamada "Operación Prueba", para el conocimiento de todos los elementos del proceso, lo que incluyó seguimientos al ministro en visita extraordinaria, intervención de sus teléfonos y acceso permanente al expediente.

El ilícito en que incurrió Paredes como quienes lo ayudaron en el envío de esos antecedentes a quienes aparecían como sospechosos del crimen no fue sancionado en virtud de la prescripción.  La misma estrecha colaboración operativa y de obstaculización a la justicia entre Investigaciones y la CNI quedó demostrada en el juicio por el asesinato de 12 personas en la llamada "Operación Albania".

La buena vida en Papudo

La función de ayudante del director era motivo de envidia al interior de la institución. Aparte de comodidades y estatus con que contaban los asistentes de Paredes, éstos no habituaban cumplir turnos ni tareas operativas. Para los tiempos que se vivían, intensos en materia de lucha antisubversiva, no era poca cosa. Pero si Herrera ya podía sentirse afortunado, a mediados de los '80, después de su paso por la Jefatura de Inteligencia Policial, recibió una designación que significó un premio aún mayor, además de una muestra de confianza excepcional. Paredes le confió la jefatura del nuevo cuartel policial de Papudo.

Según coinciden diversas fuentes, el cuartel de Papudo fue abierto por Paredes por una razón muy personal. Aparte de que su hermano Julio era alcalde designado del balneario, el propio director de la policía civil tenía una casa de descanso en ese lugar. De hecho, el cuartel fue levantado frente a la casa de Fernando Paredes, quien al tiempo de la apertura del cuartel gestionó la construcción de cabañas para el descanso del personal.

En Papudo había poco y nada que hacer en materia estrictamente policial. De acuerdo con las mismas fuentes, la tarea de Herrera y la decena de hombres asignados al cuartel –sin contar cocineros y jardineros- consistía en cuidar y mantener la casa del jefe policial, además de atenderlo en sus habituales visitas de fin de semana.

En esos días era común que Paredes coincidiera en Papudo con el jefe de la Brigada Investigadora de Asaltos, Sergio 'Chueco' Oviedo, que tenía familiares en la zona y una panadería de nombre "Su Majestad", y con el comandante del cuartel Borgoño de la CNI, Álvaro Corbalán, visitante frecuente del club de yates del lugar.

Fue en Papudo que Arturo Herrera cultivó amistad con Fernando Paredes, la que se mantiene hasta hoy. Las visitas familiares entre ambos aún son frecuentes. Es probable que Herrera no olvide que quien le enseñó a jugar golf fue el propio Paredes, un deporte que le abrió las puertas de Cachagua y que le ha permitido practicarlo con empresarios y celebridades como el padre del 'Chino' Ríos.

La vuelta de mano no se hizo esperar. Herrera fue el primer jefe de Investigaciones designado en democracia que facilitó el retorno del ex general a los actos oficiales de la institución. Atendiendo a sus oscuros antecedentes –que se arrastran desde que estuvo al mando de la Escuela de Caballería de Quillota en 1973, donde ocurrieron ejecuciones políticas-, tanto Horacio Toro como Nelson Mery prefirieron apartarlo del protocolo institucional.

Hubo un segundo gesto de Herrera hacia Paredes. En febrero del año pasado el actual jefe policial reabrió el cuartel de Papudo, que había sido cerrado en la administración de Toro.

En la decisión pudo haber influido un hecho personal: tras su designación, Herrera compró un departamento en Papudo que aún conserva.

El manto de la Masonería

Tras el fin del gobierno militar, Arturo Herrera ascendió en una carrera académica sin sobresaltos. A fines de los '80, como vivía en La Florida e ingresó al Instituto Superior para optar al grado de subprefecto, fue destinado en media jornada a la comisaría de esa comuna. Después seguiría en cargos académicos hasta que, en 1997, fue designado director de la Escuela de Investigaciones y tres años después quedó al frente de la Academia Superior de Estudios Policiales, ASEPOL. Ambas designaciones fueron interpretadas como una jugada que Nelson Mery, ex director de la policía, ejecutó para preparar el ascenso de su sucesor a la dirección, lo que obligó al retiro de los siete mandos que lo antecedían. Ambos compartían filiación en la Masonería.

Arturo Herrera pertenece a la Logia "Lealtad Nª 156″. Fue allí donde hizo amistad con el abogado Andrés de la Maza, esposo de la ministra Gloria Ana Chevesich, fallecido en 2004. Una relación que le provocó más de un llamado de atención desde La Moneda en tiempos de Ricardo Lagos, cuando se supo de reuniones que ambos sostenían en el momento más álgido del proceso por las irregularidades en el ministerio de Obras Públicas.

Cuando Herrera llegaba a la reunión del grupo en la casa de la Masonería de calle Marcoleta, dejaba sus presillas y reconocía el liderazgo de Andrés de la Maza. El ex esposo de la jueza Chevesich ostentaba el grado de maestro y era secretario de la Logia.

La masonería ha seguido gravitando en el alto mando de Investigaciones. Los dos subdirectores de la institución, René Castellón y Luis Alarcón Adrián (segundo y tercero en el mando) son también masones. Pero no solo comparten ese lazo férreo y secreto. También una historia en común.

Castellón perteneció a la Brigada Especial, la fuerza de elite que Fernando Paredes creó en 1982 para combatir la "amenaza subversiva" y cuidar de la seguridad personal del director y su familia. En esos mismos años duros Alarcón formó parte de la Brigada Investigadora de Asaltos, BIA, la otra fuerza creada para ayudar al combate a la subversión, en estrecho contacto con la CNI. Desde entonces Alarcón es cercano al 'Chueco' Oviedo, ex jefe de la BIA a quien le DEA acusó de tráfico de cocaína, lo que no fue impedimento para que llegara al tercer mando de la institución en democracia.

Puede que su antigua amistad con Herrera, iniciada en la Comisaría de Las Condes en 1978, justifique el meteórico ascenso de Alarcón. Apenas Herrera llegó la dirección de Investigaciones, lo nombró jefe de gabinete. De allí pasó a la jefatura nacional de Inteligencia y luego a inspector general. Hoy es subdirector administrativo y controla un área tan sensible como las finanzas de Investigaciones. Y todo eso en cinco años.

Las complicidades por el pasado no terminan ahí en el alto mando policial. La cuarta antigüedad, Óscar Gutiérrez, jefe de la Región Policial Metropolitana, integró también la Brigada Especial de Paredes. Lo mismo ocurre con el actual jefe de Inteligencia, prefecto inspector Héctor Puga, quien ha permanecido gran parte de su carrera en esta área, pasando sin contratiempos desde la dictadura a la democracia.

Y en el estratégico cargo de Jefe Nacional de Comunicaciones figura el prefecto Carlos González, quien fuera uno de los escoltas favoritos del general Fernando Paredes.

La influencia de este grupo en el mando es el que ha posibilitado que uno de los detectives vinculado al asesinato del estudiante de Periodismo Eduardo Jara a manos del Covema, José Marchant, sea hoy instructor del curso especial que creó Arturo Herrera para alumnos que teniendo una carrera profesional han optado por insertarse como oficiales de la policía.
Todo eso es pasado. Para Herrera, que a los 57 años se acerca al fin de su mando, lo único que importa es la elección de presidente de la INTERPOL. Cinco meses lo separan de la meta.

Arturo Herrera y los derechos humanos

Desde sus primeros pasos en la dirección de la Escuela de Investigaciones, Herrera decidió dictar clases de Ética y también de Derechos Humanos, cursos que sigue impartiendo hasta hoy. Su decisión respecto del segundo curso causó extrañeza entre quienes lo conocen bien. Y es que el caballo de batalla de Herrera ha sido siempre la modernización, en una línea de acción que implicó, desde que asumió la dirección de Investigaciones el 2 de octubre de 2003, reducir a su mínima expresión la dotación y los recursos destinados a terminar las investigaciones judiciales de los crímenes cometidos en dictadura.

Si bien la tarea había sido acotada por su antecesor Nelson Mery a un pequeño equipo de excelencia, su decisión significó desarmar al equipo policial con la mayor experiencia, conocimiento y rigurosidad alcanzado por un país del Cono Sur en la materia una vez terminadas las dictaduras. Y lo hizo en la fase más delicada del proceso, el momento en que los ministros con dedicación exclusiva a juicios de derechos humanos asumían el fin de sus investigaciones para determinar con exactitud cómo ocurrió el secuestro de la víctima, su ejecución y el paradero de restos de desaparecidos así como de los responsables de cada una de esas etapas y de su exhumación ilegal.

Era la etapa final, la de la preparación del cierre de los juicios para dictar los procesamientos. Y en el medio, al menos cuatro juicios en pleno desarrollo y con consecuencias relevantes para los institutos armados y para el país.

Esa fue la situación que debieron asumir el ministro Víctor Montiglio, quien lleva el juicio por el secuestro y desaparición de la dirección del Partido Comunista desde la casa de calle Conferencia; el ministro Claudio Pavez, que investigaba la muerte del ex coronel de la DINA, Gerardo Huber, implicado en el hasta ahora no aclarado enriquecimiento ilícito de oficiales de Ejército por la venta de armas al exterior, entre los que se cuenta el tráfico de armas a Croacia; el ministro Alejandro Madrid, con el juicio por el secuestro y muerte del ex químico de la DINA, Eugenio Berríos, y los cinco procesos laterales por asesinato de chilenos con utilización de armas químicas, lo que incluye la investigación de la muerte del ex presidente Eduardo Frei Montalva; y el proceso que sigue en Valparaíso la jueza Eliana Quezada por el asesinato del sacerdote Michael Woodward, que por primera vez llevó a prisión a altos oficiales en retiro de la Armada.

La preocupación de Herrera por el desarrollo del juicio en Valparaíso, que constató judicialmente que en el buque escuela Esmeralda efectivamente se torturó, lo que durante 34 años había negado la Armada, podría adjudicarse a la incorporación de su hijo a la Escuela Naval. No así su actitud respecto a la investigación de la verdadera causal de muerte de Frei Montalva.

Este último puede que sea el caso más controversial de todos para la seguridad nacional del país. Y ello, porque además de tener como meta dilucidar si efectivamente se utilizaron armas químicas para provocar su muerte, la investigación del ministro Madrid está develando que durante la dictadura Chile fabricó armas químicas, las vendió al extranjero y urge saber su paradero actual. Fue el propio Pinochet quien firmó un tratado internacional por el cual se comprometió a no fabricar esas armas prohibidas por la ONU.

Aún así, el equipo que trabajaba en el caso se vio reducido a su mínima expresión. Y fue el propio senador Eduardo Frei quien debió apelar a su cooperación en entrevista personal para que las pesquisas no se debilitaran. Cuando el ministro Alejandro Madrid pidió a Uruguay la extradición de los tres militares de ese país vinculados al secuestro y muerte de Berríos, Herrera no ocultó entre su grupo más cercano su rechazo a la decisión del juez y su escepticismo. Y cuando finalmente la Corte Suprema uruguaya aprobó las extradiciones, ocurrió un hecho insólito: Arturo Herrera coordinó directamente con el Ejército el traslado y llegada de los inculpados, pasando por alto al ministro Madrid, quien se enteró por la prensa que los tres uruguayos ya estaban en Chile.

Un segundo hecho cuestionable ocurrió poco después de que el estudio jurídico en el que trabaja el abogado Carlos Castro Vargas asumiera la defensa de los militares uruguayos en la Causa 7.981 del 6º Juzgado del Crimen. Nadie hasta hoy ha representado la incongruencia de que el abogado Castro, contratado por Herrera como asesor jurídico personal e institucional, además de hacer clases en la Escuela Policial, defienda a los tres militares uruguayos procesados por el secuestro y muerte de Eugenio Berríos y cuya complicidad con los mandos de Pinochet en la Operación Cóndor y otras materias de seguridad nacional está comprobada.

De La Florida a Los Dominicos

Poco después asumir la dirección de Investigaciones, Arturo Herrera abandonó su casa de los últimos años en La Florida para trasladarse al barrio alto de Santiago. Lo natural habría sido que habitara la casa institucional en calle Juan de Austria, en Las Condes, la misma que ocupó Nelson Mery durante su gestión. Pero no fue así. El nuevo director prefirió arrendar a costa de la institución una amplia propiedad en Camino del Alba, en Los Dominicos, la que tiene el estatus de cuartel. A lo anterior se sumó la adquisición de dos vehículos institucionales por $ 150 millones. La compra de fines de 2005 fue objetada por Contraloría al no contar con la toma de razón.

No ha sido el único problema que ha tenido el director general de Investigaciones con los autos institucionales.

El menor de sus hijos, el cadete naval Arturo Herrera Riveros, quien practica motocross, chocó una camioneta nueva del cuartel de Lo Barnechea, la cual le fue facilitada para que trasladara su moto de competencia. El director de la policía pagó de su cuenta personal los daños del vehículo fiscal. Herrera Riveros es uno de los cuatro hijos que tiene el director de la policía civil. Su hija menor siguió sus pasos y hoy es subcomisaria en la XI Región.
 

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COMUNICADO

El Comité Memoria y Justicia de Ginebra critica la postulación de un policía chileno, ex-funcionario del régimen de Pinochet, a la Presidencia de INTERPOL

Ante la candidatura al puesto de Presidente de Interpol del señor Arturo Herrera Verdugo, actual Director de la Policía de Investigaciones de Chile, quien ocupa actualmente el cargo de Vicepresidente del Comité Ejecutivo de Interpol, el Comité Memoria y Justicia de Ginebra declara:

Nuestra asociación se hace eco del repudio que esta candidatura ha provocado en muchos medios Chile y en el extranjero. Compartimos la opinión de muchos medios, de que dicho funcionario no da las garantías necesarias, desde el punto de vista de su compromiso con los Derechos Humanos.

El funcionario Herrera Verdugo ha tenido participación directa en el encubrimiento de una situación de violación de derechos humanos (caso del general Trincado), para sustraerlo a la acción de los Tribunales. Asimismo, ha tenido un rol activo en el desmantelamiento del Dpto. Quinto de Investigaciones (Derechos Humanos), alejando a funcionarios meritorios cuyo compromiso en la investigación de casos de asesinatos y desapariciones durante la dictadura ha permitido a la Justicia avanzar.

Nos parece grave que el Gobierno de Chile promueva la candidatura de un funcionario (Herrera Verdugo) cuya conducta aparece poco afín con lo que se espera de un Estado que ha sido admitido recientemente en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Esperamos que el Gobierno de Chile haya tomado en cuenta los problemas que le puede acarrear un nombramiento en tales condiciones.

Por otra parte, la historia de Interpol nos muestra que este organismo ha sido, en algunos períodos recientes, dirigido por personeros de ideología contraria a los derechos humanos. Entre sus Presidentes encontramos a los jerarcas nazis: Heydrich (1938-1940), Nebe (1940-1942), y Kaltenbrunner (1942-1943). No está en nuestro ánimo comparar al Sr. Herrera con dichos criminales, pero cualquiera puede comprender que se trata de un contexto delicado, en el cual no sería conveniente, ni para Chile ni para la Interpol, que un Directivo suscitara dudas respecto de su probidad en el campo de los Derechos Humanos.

Nuestra Asociación ha dirigido una carta a los representantes de todas las Misiones diplomáticas acreditadas ante Naciones Unidas en Ginebra, informándolos de nuestra posición frente a esta postulación.

Al mismo tiempo, pedimos al Gobierno de Chile que se anule la candidatura de este funcionario policial, como manera de mostrar que Chile no transige con la imagen internacional de sus representantes, sobre este punto. Esperamos que el Gobierno redoble su vigilancia, para evitar las bochornosas situaciones que se producen cada cierto tiempo, en que representantes de Chile son cuestionados por sus implicaciones en casos de violación de los derechos humanos.
 
Ginebra (Suiza) 30 de septiembre de 2008

 

INVERECUNDO CODINA MIENTE CUANDO DICE LA VERDAD

Fuente:

http://maximokinast.blogia.com/2008/090503-codina-miente-cuando-dice-la-verdad.php

Por Máximo Kinast

DNI 2274418-6

En relación al desmentido o corrección sobre lo declarado por el Director de Amnistía Internacional a lo dicho por el Almirante Codina, pienso, opino que CODINA MIENTE USANDO LA VERDAD.

Codina es un inverecundo y un cahuinero. Esta emborrachando la perdiz y diciendo puras cabezas de pescado. A ver si nos entendemos:

 

a) Estoy convencido de que es verdad -como dice Codina- que el 11 de Septiembre de 1973, la Armada disponía de unos 30 mil efectivos, entre oficiales y clases, a los que hay que descontar los marinos democrátas asesinados en agosto de 1973. 

b) Estoy convencido de que de esos 30 mil efectivos, sólo unos mil cometieron físicamente violaciones a los Derechos Humanos, tal como dice Codina. O sea, que quede bien claro, en la Armada hubo unos mil criminales ejecutores de crímenes contra la Humanidad.

c) Los dos hechos citados como a) y como b) son verdades y al mismo tiempo son una muestra del cinismo con que se miente en Chile diciendo la verdad. Porque esas dos afirmaciones ocultan y falsean un hecho más importante: No se trató de mil marinos locos que salieron a torturar y a asesinar gente, por su cuenta y riesgo.

No, señores, no fue así. El hecho verídico, claro y puro, que se oculta con dos verdades, es que la Armada de Chile adoptó (hizo suya) una Política de Terrorismo de Estado y autorizó y ordenó los hechos delictivos que cometieron unos mil miembros de la Institución. Y no sólo autorizó y ordenó, sino que además premió, alabó y protegió hasta el día de hoy a los hechores.

POR LO TANTO,

ES LA ARMADA DE CHILE, COMO INSTITUCIÓN, LA RESPONSABLE DE AUTORÍA, DE FELONÍA, DE COMPLICIDAD Y DE ENCUBRIMIENTO DE DELITOS CONTRA LA HUMANIDAD.

Echarle la culpa y achacarle la responsabilidad a unos mil pelafustanes, es un acto de cobardía, muy propio de la política personal de Daniel López (alias Ramón Ugarte, Alias El Innombrable, alias El Loco Vitalicio, alias Augusto Pinochet), que para sacarle el poto a la jeringa, o sea, para eludir la Justicia se declaraba enfermo y culpaba a sus subordinados. Eso se llama cobardía.

Señor Almirante Codina, usted es un cobarde y un mentiroso.

PARA UNA MEJOR COMPRENSIÓN DEL TEXTO, COPIO LA NOTA DIFUNDIDA POR AMNISTÍA INTERNACIONAL:

 

Noticias de Derechos Humanos en los medios

En relación a la nota publicada por La Nación que se cita, es importante aclarar que

El Director Ejecutivo de Amnistía Internacional Sergio Laurenti ha requerido a La Nación que rectifique la entrevista donde se lo cita al respecto de dichos del Almte. Codina. Dijo claramente –en dos ocasiones durante la entrevista- que: “cuando se consideraba la cantidad de efectivos de la Armada que podrían haber estado involucrados en violaciones de Derechos Humanos, el Almte. Codina indicó que en un contexto de 30.000 efectivos estimaba que el total de efectivos en las dotaciones donde podrían haberse registrado hechos no superaba los 1.000 efectivos, incluyendo al personal auxiliar y no que todos habrían cometidos violaciones de DDHH”.

El director de La Nación, Sr. Marcelo Castillo, en conversación telefónica, indicó que publicará dicha aclaración.

Codina “admitió” que mil marinos violaron DDHH

Por Claudio Leiva / La Nación

Según informó el secretario ejecutivo de Amnistía Internacional-Chile quien contó detalles de la inédita reunión del comandante en jefe de la Armada con organizaciones de derechos humanos.

Mil efectivos de la Armada, de los 30.000 que estaban activos en septiembre de 1973, participaron en la represión tras el golpe militar, según reconoció el comandante en jefe naval, almirante Rodolfo Codina, en la reunión que sostuvo el miércoles con organizaciones de derechos humanos (DDHH).

Detalles de la entrevista los entregó el secretario ejecutivo de Amnistía Internacional-Chile, Sergio Laurenti. "Fue una instancia de diálogo que no se había dado antes y en ella se tocaron temas que habían sido soslayados, como el reconocimiento institucional a las violaciones de los DDHH, dijo.

El encuentro se realizó en la "neutral" Municipalidad de Valparaíso y también asistieron el vicealmirante Cristián Millar, la Comisión de Derechos Humanos, ex marinos constitucionalistas, familiares de detenidos desaparecidos de la V Región y amigos del sacerdote Miguel Woodward, muerto por torturas en el buque-escuela "Esmeralda".

Los representantes de las organizaciones de DDHH exigieron que la Armada entregue los antecedentes de "los crímenes cometidos por la institución en las dependencias a su cargo, a partir de 1973, en particular en la V Región, donde hay más de 80 detenidos desaparecidos.

Laurenti dijo que le plantearon al almirante Codina un trabajo de búsqueda de la verdad entre el personal en retiro que debe tener información acerca de las violaciones de los derechos humanos.

El máximo jefe naval les respondió que "eso es un problema para la Armada, porque no podía imponer acciones sobre un grupo que ya no tiene responsabilidades institucionales, aunque haría el intento".

Según el secretario ejecutivo de Amnistía, el almirante Codina también admitió que cuatro miembros del actual alto mando naval estaban activos para el golpe y no sólo él, como se ha informado.

También estaban en funciones en esa época los hoy vicealmirantes Mariano Sarraeta, Cristián Gantes y Sergio Robinson.

¿EXIGENCIAS O RECOMENDACIONES?

Laurenti se mostró "muy conforme" con este encuentro y anunció que podrían efectuarse otras reuniones. Sin embargo, otros asistentes, como el Grupo de Amigos de Miguel Woodward, se manifestaron menos satisfechos.

Según la agrupación que recuerda al sacerdote chileno-británico, el vicealmirante Millar puso reparos al uso del término "exigencia", a lo cual el grupo respondió que "no somos nosotros los que exigimos, sino que la verdad y la justicia misma son las que exigen ciertas medidas y conductas de la Armada para hacer verdad y justicia".

En vez de "exigencias", Amnistía prefirió hacer "recomendaciones", entre ellas, que la Armada diga públicamente cuáles han sido sus contribuciones a la justicia ordinaria en los casos de violaciones de los DDHH que se investigan. También "recomendó" un fondo para actos concretos de reparación a los familiares de las víctimas.

Finalmente, aunque el almirante Codina dijo que estimaba "legítimas todas las demandas" que se le plantearon, el vicealmirante Millar comentó que "uno siente que estamos súper lejos aún".

INVERECUNDOS MARINOS CHILENOS REPUDIADOS POR ATORRANTES

REPUDIO A LA ESMERALDA EN 'EL PAIS'

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NO PASARÁN

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Fuente: El País, 21 de agosto de 2008

Prudencio García

Investigador y consultor internacional del Instituto Ciencia y Sociedad

“Hoy me apodero de Rusia; ¿qué ropa me pongo?”, preguntó la futura Catalina la Grande a su doncella de cámara, horas antes de asestar el audaz golpe palaciego que le permitió aca­pa­rar, para sí misma, todo el poder imperial. Seguro que el teniente coronel Antonio Tejero lo tuvo más claro a la hora de elegir su indumentaria para su propio golpe de 1981. En cualquier caso, es evidente que quien va a salvar una patria o adjudicarse un imperio no puede vestirse de cualquier forma. Son ocasiones históricas de gran trascendencia, cuya excepcionalidad exige una cierta prestancia for­mal.

Sin embargo, este detalle fue groseramente ignorado por los oficiales y guardiamarinas del buque escuela Esmeralda de la Armada de Chile, en otra ocasión histórica: el golpe pino­chetista del 11 de septiembre de 1973. Su forma de salvar a la patria en aquella destacada ocasión consistió en enfundarse las ásperas prendas de faena y dedicarse a golpear, vejar y torturar desde aquel mismo día, a bordo del buque, atracado en el área militar del puerto de Valparaíso, a muy numerosos detenidos, hombres y mujeres, acusados de algún tipo de militancia favorable al gobierno socialista que aquella misma mañana aca­baba de ser sangrientamente derrocado.

Entre las víctimas llevadas al buque en aquellas primeras horas se hallaba el alcalde de la misma ciudad de Valparaíso, Sergio Vusko­vitz, y el letrado del ministerio de Interior Luis Vega. El trato recibido por las mujeres fue particularmente infame. La entonces universitaria María Eliana Comené resultó contagiada de gonorrea tras las repetidas violaciones que allí sufrió. Días después era también arrestado y conducido al buque el sacer­dote anglochileno Miguel Woodward, que –como ya comentamos en su día en estas páginas- resultaría muerto como consecuen­cia de las torturas que allí recibió. Instituciones tan dispares como Amnistía Interna­cional y el Senado norteamericano, además de las dos comisiones investigadoras oficiales (Rettig y Valech), de­nun­ciaron en su día los crimi­nales excesos cometidos a bordo del buque en cuestión.

Los recluidos en la nave el mismo día del golpe atestiguan que, al llegar a ella, fueron obli­gados a pasar entre una doble fila de guardia­ma­rinas en ropa de faena, que les golpeaban brutal­mente y les sometían a toda clase de atropellos físicos y psíquicos.

Atención al detalle: ‘en ropa de faena’. Qué zafiedad. Qué ignorancia del decoro estamental y de las exigencias formales de un hono­rable golpe de Estado que se precie. Craso error histórico y social. Se empieza vistiendo de forma demasiado infor­mal y se acaba torturando curas, violando mujeres, asesinando demócra­tas, y causando horror incluso a ese mismo mundo occidental al que supuesta­mente se pre­tende sal­var. La Historia nunca perdona este tipo de deslices.

Prescindiendo ya de toda jocosa ironía sobre las indumentarias adecuadas para las grandes acciones patrióticas, y refiriéndonos únicamente al núcleo de la cuestión, entremos en el área, mucho más seria, de los comportamientos instituciona­les. Los oficiales y alumnos guardiama­rinas que hoy viajan a bordo del Esmeralda en su gira de instrucción anual número 53 no son, obviamente, las mis­mas personas que incurrieron en tales aberraciones tantos años atrás. Pero la ins­titución sí es la misma. La misma que durante tres décadas ha negado lo sucedido y ha en­torpecido toda investigación. La misma institución -la Armada de Chile- cuya presión corporativa, a lo largo de tanto tiem­po, ha im­pe­dido el juicio y castigo de los que sí cometieron aquellos crímenes. Se trata del mismo esta­mento que se ha escanda­lizado hace apenas cuatro meses, al ver finalmente procesados por la insoborna­ble jueza Eliana Quezada a los cuatro altos jefes (hoy almiran­tes retirados) que ejercieron el mando en aquellos puestos opera­tivos desde los que se ordenaron las acciones perpetra­das en la zona marítima de Valparaíso, en aquellas jornadas luctuosas de septiembre de 1973.

No resulta extraño, por tanto, que las visitas del buque a puertos como Río de Janeiro, Buenos Aires, Tokio, Sidney, Wellington y tantos otros hayan ido acompañadas, en distintos años, de diversos tipos de protestas, sin olvidar la suspensión de las visitas a Estocolmo, El Ferrol, Las Palmas y otros puertos europeos en 2003. Tales protestas se siguen produciendo en nuestros días. Y este mismo verano de 2008, al visitar Cádiz (en cuyos astilleros la nave fue fabricada), su llegada fue deliberada­mente precedida por la proyección, por Amnistía Interna­cional, del documental El lado oscuro de la Dama Blanca, del cineasta chileno Patricio Henrí­quez, reportaje que recordó a la pobla­ción gaditana el historial, no precisamente inmacu­lado, del hermoso na­vío visitan­te.

El pasado 22 de julio, el Esmeralda llegaba al puerto griego de El Pi­reo. En el muelle le aguar­daba una manifestación, encabezada por conocidos miembros del Parla­men­to heleno, que protes­taban por la visita. A bordo del buque, la embajadora de Chile en Ate­nas, en su alocu­ción oficial de saludo a los oficiales y alumnos, subrayaba el siniestro significado de la dictadura pinochetista. Ella tenía sobrada autoridad y conocimiento para proclamarlo, pues tal embajadora no era otra que Sofía Prats, hija del general Carlos Prats, el jefe del Ejército de Chile que precedió a Pinochet, y que fue asesinado por orden del dictador.

A su vez, en la visita del buque al puerto de Split (Croacia), también fue reci­bido con mani­fes­taciones hos­tiles, cuyas pan­cartas decían:Pinochet y Esme­ralda no pa­sa­­rán”.

AGRADECIMIENTOS: Gracias Prudencio García por tan excelente artículo. Gracias diario 'El País' por publicarlo. Gracias a todas las personas de buena voluntad que ayuden a cerrar los puertos a la nave maldita, hasta que los cobardes marinos chilenos confiesen toda la verdad ante la Justicia y pidan perdón por las víctimas de su infamia. Hasta entonces no habrá olvido ni perdón. Máximo Kinast

LOS MILIKOS LADRONES DISFRUTAN DE LO ROBADO

Por Máximo Kinast

Es algo asqueroso de ver, la Guia de vacaciones d elas Fuerzas Armadas. Todavía cuentan con tierras y playas que robaron al pueblo de Chile después de destruir con aviones La Moneda y la Democracia. Todavía disfrutan de los frutos de su rapiña.

Vea esta Guia de Lujo para miembros de la Mafia, perdón, de las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile:

www.bienestararmada.cl/site/temas_int/pdf/guia_bienestar.pdf

Lo único que falta en esa Guia es el resort de cinco estrellas que tienen en Punta de Peuco para los uniformados genocidas, cobardes, torturadores, mentirosos y encubridores de crímenes contra la Humanidad.

Nada hay más inverecundo que nuestros 'gloriosos soldados'

UN VIDEO AL INVERECUNDO SAN BERNALES

UN VIDEO AL INVERECUNDO SAN BERNALES

Un video a San Bernales

le hizo el grupo Sub-verso,

un Hip-Hop bastante inmerso

en las verdades reales.

De Bernal cuenta los males

de su rápida carrera,

desde el día en que era

sólo un simple teniente,

hasta represor ferviente

pues eso es, lo que era.

 

Saludos Beto

 

Pulse aqui para ver video:

10-06-2008 - VIDEO MUSICAL - DOCUMENTAL: San Bernales (SubVerso)

 

 

Beto
lugar_beto@yahoo.es
Libertad a todos los Presos Políticos Mapuche
¡¡ Abajo la Constitución pinochetista !!
¡¡ Por una Nueva Constitución, AHORA !!

HA MUERTO OTRO INVERECUNDO GENERAL GENOCIDA: EL GOBIERNO DE CHILE ESTA DE DUELO

HA MUERTO OTRO INVERECUNDO GENERAL GENOCIDA: EL GOBIERNO DE CHILE ESTA DE DUELO

 

General Bernales:

No todos los muertos son buenos

Tito Tricot

Estalló en una letanía de jirones ámbar, dicen, en cielo ajeno, lloran. Y llevan días lamentando la muerte de un policía ejemplar, dicen. Pero, a pesar de la pompa y circunstancia y de los rostros desencajados  en medio del frío otoñal, la historia verdadera nos acribilla con las muertes del muerto general.

Porque, en las alturas de Panamá, en ese brutal instante de  fuego, se desató la mayor tormenta de estrellas fugaces que se recortaron cristalinas en la cordillera de Nahuelbuta tiñendo de añil la lluvia mapuche. Fue un estallido descomunal que estremeció la mirada de Alex Lemun y Matías Catrileo, jóvenes mapuche asesinados por los hombres del general Alejandro Bernales.

Ellos no supieron de la mesura y humanidad que, dicen, caracterizaba al general; tampoco de la ingente generosidad que, dicen, prodigaba el general, pues la vida se les escabulló ineluctablemente enceguecidos por una lluvia de estrellas azules, pero tan brillantes que, a pesar de los esfuerzos de la clase política, opacarán para siempre la impecable, dicen, hoja de vida del general.

Pero no son sólo los políticos, sino que también los medios de comunicación que, concertados en la apelación al  dolor, han ungido como héroe a un general de carabineros que sembró el terror en territorio mapuche cuando fue jefe de la IX zona de Carabineros de la Araucania. 

Fue el responsable operativo de la política de criminalización del movimiento mapuche impulsado desde el gobierno de Ricardo Lagos y, como tal, el gestor de la militarizacion de las comunidades consideradas conflictivas. La resultante de dicha política fueron los allanamientos masivos, las golpizas a los comuneros, las detenciones arbitrarias, todo en connivencia con la fiscalía pública que formulaba cargos increíbles  basados en la Ley anti-terrorista. 

El mapuche luchaba por sus derechos colectivos como pueblo, el gobierno ordenaba la represión y el general Bernales, obsecuentemente, reprimía a hombres, mujeres y niños por el simple hecho de ser indígenas. Como ha sido siempre. Entonces, cuesta entender que se diga sin vergüenza que "fue un Oficial de profundos valores humanistas y cristianos, que privilegió el trabajo en equipo, el profesionalismo, la integración con la comunidad y la preocupación por el bienestar de los carabineros y sus familias".

¿Dónde estaban los valores humanistas entre los helicópteros, las tanquetas y los gases lacrimógenos que aterraban a las comunidades?

¿Dónde estaba la integración con la comunidad mientras en Temucuicui se realizaban violentos allanamientos en las madrugadas? ¿Dónde estaba el cristiano general cuando a Alex, de apenas 17 años, le clavaron para siempre al viento con un balazo en la nuca? ¿Dónde cuándo a Matías, de meros 23 años, lo crucificaron sin apelación alguna a la oscuridad, y cobardemente por la espalda? La respuesta es clara, aunque les duela a los dolientes de uniforme y de civil que lo quieren transformar en santo: estaba dando las órdenes para reprimir a un pueblo digno.

El general del terror

Hoy nos hablan de un oficial cercano a sus hombres, cercano al pueblo llegando, incluso, a calificarlo como el "general del pueblo". Sin embargo, el utilizó el terror de manera sistemática en las comunidades, impuso el miedo y la incertidumbre, violó  los derechos humanos de millares de mapuche.

Eso, claro, parece que a pocos les importa, pues en el arrebol de la tragedia de Panamá, se cantan sus glorias, se hiperbolizan sus virtudes, se minimizan sus defectos y se esconden sus crímenes, porque la vida de un indígena vale menos que la vida de un carabinero. 

Y, sobre todo, porque persiste una subyacencia racista en la cultura dominante que obnubila los sentidos; pero también clasista, ya que este peculiar general del pueblo, no sólo se reprimió a los mapuche, sino que a todos los sectores sociales que osaron expresar su disconformidad con el gobierno.

De su violencia supieron y sufrieron los estudiantes secundarios y universitarios, los trabajadores subcontratistas del cobre, los pescadores artesanales, los trabajadores forestales y de la salud, entre otros.

No obstante, jamás hubo banderas a media asta ni se decretaron tres días de duelo nacional por el asesinato de Rodrigo Cisternas, obrero forestal acribillado por carabineros durante una huelga. Ni por Lemun ni por Catrileo. Nunca. Entonces nos asiste la sospecha de que detrás de la  urgente iconización y canonización del general Bernales se esconde el más profundo racismo chileno.

Además, por cierto, de la entronización de una política de la desmemoria que se acerca peligrosamente a la impunidad en un país donde, a pesar de lo que se nos quiere hacer creer, no todos los muertos son buenos.

 

Tito Tricot, Sociólogo

Director, Centro de Estudios Interculturales ILWEN

Chile, Mayo 2008

 

LAS PLATAS DE LOS INVERECUNDOS SENADORES DE CHILE

LAS PLATAS DE LOS INVERECUNDOS SENADORES DE CHILE

Los bienes, platas y deudas que el Senado no ha querido publicar

Fuente: CiperChile http://recorta.com/645d61

Por Pedro Ramírez y Juan Pablo Figueroa, CIPER

Desde junio de 2006, la ley obliga a las autoridades a declarar sus bienes, dineros y deudas. Legalmente la información es pública, pero en la práctica no lo es tanto. Mientras las declaraciones de patrimonio de los diputados están disponibles en el sitio web de la Cámara, para ver las de los senadores hay que ir a la sede del Congreso en Valparaíso, y la única forma de obtener copias es… a mano. Como no todo el mundo puede hacerlo, nosotros las reprodujimos fielmente en los mismos formularios oficiales y aquí publicamos las declaraciones de patrimonio completas de los 38 senadores. Hay detalles llamativos, como las acciones que Guido Girardi (PPD) declaró tener en Cencosud y Colbún; las sesenta propiedades que acreditó Hosaín Sabag (DC); la casa de US$ 2.300.000 que posee la mujer de Fernando Flores (ChilePrimero) en California y los $ 50 millones en “animales” que testimonió Juan Antonio Coloma. (UDI)

No pocos ciudadanos de Cerro Navia se asombrarían de conocer las inversiones del senador Guido Girardi (PPD). En 2004 se querelló contra los supermercados Jumbo, pero tiene acciones en su matriz Cencosud. Ha reiterado que se opondrá a las represas en Aysén, aunque al mismo tiempo es accionista de Colbún, una de las socias de HydroAysén, la empresa que planea construir las megacentrales. Ambos datos están en su declaración de patrimonio, que descansa desde hace dos años en la secretaría del Senado en Valparaíso.

Sólo ahí -y ahora aquí- se pueden conocer las inversiones y deudas de los senadores. Entre las curiosidades que destacan de la revisión de las declaraciones se cuenta la gran cantidad de inmuebles que posee Hosain Sabag (DC): 60 propiedades, de las cuales 44 están en la comuna de Cabrero, 34 son predios forestales, 7 agrícola-forestales, 4 industrias y 7 habitacionales.

El senador que tiene más sociedades relacionadas es Sergio Romero (RN), quien a modo personal tiene participación sólo en cuatro, pero a través de ellas se conecta con otras 15, cuatro de las cuales son argentinas.

Le sigue Fernando Flores (Chile Primero, ex PPD), quien tiene participación en nueve sociedades y a través de su esposa (está casado en régimen de sociedad conyugal) extiende sus intereses a otra. La mujer de Flores, además, registra nueve inmuebles y el senador le suma cuatro al patrimonio familiar. Su señora, en todo caso, figura como titular de las dos propiedades más caras que tiene a su haber un senador chileno: una residencia en California con un valor comercial aproximado de US$ 2.300.000 y otra vivienda en el mismo estado norteamericano con un valor comercial aproximado de US$ 900.000. Flores, asimismo, es el senador que más ha invertido en arte: $ 55.000.000 en Chile y $495.000.000 en Estados Unidos.

Otro senador que goza de una envidiable situación económica es Andrés Chadwick (UDI), quien declara un patrimonio cercano a los $ 2.068.703.400, gracias a su participación en tres sociedades. Si bien la declaración no se refiere al origen, el senador es uno de los herederos del ex conservador de bienes raíces Herman Chadwick Valdés.

Entre los más austeros, el primer lugar lo ocupa Alejandro Navarro (PS). El senador socialista declara sólo un inmueble –un sitio en Tomé- por un valor aproximado de $1,5 millón, un Subaru del año 95 y una micro Mercedes Benz de 1976. Además, reconoce tres deudas con el Banco del Desarrollo, que suman $49 millones.

El UDI Juan Antonio Coloma sorprende con sus inversiones ganaderas, pues testimonia $ 50 millones en “animales”.

Información pública, pero no tanto

A comienzos de noviembre de 2005, el proyecto de ley que obligaría a las autoridades públicas a declarar su patrimonio salía al fin del Congreso Nacional. La Cámara de Diputados lo enviaba al Tribunal Constitucional para que éste certificara la legitimidad de la norma. Si el tribunal le daba luz verde, los chilenos tendrían a la vista la nómina de los bienes con que los altos servidores públicos hacen su ingreso al aparato estatal y podrían saber si esa lista aumentaba, empataba o disminuía, al final de sus gestiones.

Un mes después el tribunal sentenció que el “Reglamento para la declaración patrimonial de bienes de la Ley Nº 20.088” estaba en concordancia con los preceptos constitucionales. Pero eso, lejos de lo que muchos pensaban, no significó que las declaraciones de todas las autoridades serían publicadas.

Aunque la norma estableció que las declaraciones patrimoniales son documentos públicos, se especificó que sólo estarían disponibles para ser consultadas. El Tribunal Constitucional, en su resolución del 5 de diciembre de 2006, aclaró que esa limitante tiene por objeto cautelar el respeto a la protección de la honra y de la vida privada, consagrado en el artículo 19 Nº 4 de la Constitución.

En aras de no exponer datos –tales como domicilios y patentes de vehículos- que pongan en riesgo la seguridad de las autoridades, los chilenos interesados en conocer el patrimonio de sus autoridades deben acercarse a la Contraloría -si quieren conocer los bienes de ministros, subsecretarios y jefes de servicio- y a las secretarías de la Cámara de Diputados y el Senado si desean revisar el patrimonio de los legisladores. Ahí pueden tomar notas, pero no sacar copia.

En el caso de los parlamentarios, los mismos diputados resolvieron hacer públicas sus declaraciones y las subieron al sitio de internet de la corporación. El mismo ejercicio de transparencia realizaron los ministros de la Corte Suprema. Pero en el Senado la cosa no ha marchado en ese sentido. Aunque los miembros de la Cámara de Alta entregaron sus declaraciones al secretario de la corporación -Carlos Hoffman Contreras- entre mayo y junio de 2006, hasta hoy no hay acuerdo para hacerlas públicas.

Algunos, las han “subido” a sus páginas web -como Hernán Larraín (UDI) y Jaime Gazmuri (PS)-, pero no hay una decisión corporativa al respecto.

Hoy, si un chileno desea saber cuáles son los inmuebles, vehículos, sociedades e inversiones de su senador, debe viajar hasta Valparaíso, subir al Cuarto Piso y pedir los archivos.

Copia manuscrita

CIPER solicitó los documentos directamente a la secretaría del Senado, donde se informó que estaba prohibido entregar copia y que sólo se facilitaban los originales para que el interesado extractara –vía grabación de audio o copiando a mano- los datos que le interesaran.

Se pidió entonces al presidente del Senado, Adolfo Zaldivar, no sólo acceso sino copia de los originales de las declaraciones de los parlamentarios. La respuesta de Zaldívar –fechada el 19 de mayo pasado- fue escueta: “A través de la presente quisiera acusar recibo de su nota de fecha 15 de mayo, la cual ha sido enviada a la Comisión de Régimen Interior del Senado”. La mencionada comisión –que también es presidida por Zaldívar- es la que tiene en sus manos la decisión de hacer públicas las declaraciones.

Ante la incertidumbre de lo que puedan decidir los parlamentarios, hubo que recurrir al viejo método de la copia manuscrita: CIPER recopiló todos los antecedentes y los pone a disposición de sus lectores. Es necesario aclarar que no se trata de una fotocopia del original, sino que el mismo formulario que usan las autoridades públicas fue llenado por CIPER a partir de los datos recopilados en el Senado. Para cautelar los derechos que consignó el Tribunal Constitucional en su dictamen de diciembre de 2006, han sido tarjadas los detalles de las direcciones de los senadores y las placas patentes de sus vehículos.

Declaraciones patrimoniales de todos los senadores

Andrés Allamand
Soledad Alvear
Jorge Arancibia
Nelson Ávila
Carlos Bianchi
Carlos Cantero
Andrés Chadwick
Juan Antonio Coloma
Camilo Escalona
Alberto Espina
Fernando Flores
Eduardo Frei
José García
Jaime Gazmuri
Guido Girardi
José Antonio Gómez
Antonio Horvath
Carlos Kuschel
Hernán Larraín
Juan Pablo Letelier
Pablo Longueira
Evelyn Matthei
Pedro Muñoz
Roberto Muñoz
Jaime Narano
Alejandro Navarro
Jovino Novoa
Ricardo Núñez
Carlos Ominami
Jaime Orpis
Víctor Pérez
Jorge Pizarro
Baldo Prokurica
Sergio Romero
Mariano Ruiz Esquide
Hosain Sabag
Guillermo Vásquez
Adolfo Zaldívar

*Con el fin de mantenerlo informado de las novedades de CIPER, lo invitamos a suscribirse a nuestro boletín periódico. Para ello, escríbanos a contacto@ciperchile.cl con la palabra SUSCRIBIR en el asunto.

EL INVERECUNDO EJÉRCITO DE CHILE TODAVÍA NO CONFIESA QUIENES FUERON LOS ASESINOS DE VÍCTOR JARA

Fuente: www.larepublica.com.pe/content/view/222624/

El rastro de los asesinos

Por Raúl Mendoza

 

 
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Ícono. Desde su muerte, en 1973, Víctor Jara se convirtió en figura eterna de la canción social latinoamericana.
 

El 11 de setiembre de 1973, el día del golpe militar en Chile, Víctor Jara llegó con su guitarra a la Universidad Técnica del Estado para cantar en la inauguración de una exposición donde también iba a estar el presidente Salvador Allende.

Ahí se encontró con amigos, estudiantes, profesores y se enteró del ataque a La Moneda. Eran otros tiempos. Y los presentes, contestatarios, socialistas, antifascistas, decidieron quedarse en la universidad para resistir la represión que se venía. Pero la resistencia no tenía futuro. A la mañana siguiente los militares rodearon el recinto y detuvieron a los que encontraron adentro, incluido el cantautor chileno. Tres días después fue asesinado.

Los detalles de su muerte han quedado como símbolo de lo que fue la dictadura chilena que encabezó Augusto Pinochet. A Víctor Jara lo llevaron al Estadio Nacional de Chile y ahí lo torturaron, le destrozaron las manos a culatazos y, cuando estaba muy malherido, lo asesinaron de 44 balazos. Era el 15 de setiembre. Su cuerpo fue encontrado tres días después cerca de un cementerio. La ‘versión oficial’ fue que se había enfrentado a tiros contra un grupo de soldados y murió en la refriega.

 
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El estadio de Chile donde él y cientos de chilenos murieron.
 
Habría que esperar hasta el 2001, con Pinochet fuera del poder y acusado de miles de crímenes, para que la justicia iniciara una investigación por el crimen de Víctor Jara, autor de ese himno a la ausencia que es "Te recuerdo Amanda" y decenas de temas populares con alto contenido político y social. Recién en el 2004 se pudo identificar al jefe militar del Estadio de Chile, porque el Ejército se negó a proporcionar el nombre: era el coronel (r) Mario Manríquez Bravo.

El abogado de la familia Jara, Nelson Caucoto, cuenta que incluso tuvo que hacer un llamado público para identificar al oficial a través de testimonios de detenidos que estuvieron en el estadio.

El oficial Manríquez Bravo era comandante y a fines de 1973 fue ascendido a coronel. Según declaró en el proceso, ese año se retiró de las fuerzas armadas. Entre los muchos que lo reconocieron está el actual senador chileno Nelson Ávila, que también fue recluido en el estadio. "(A Manríquez) Lo había tratado con anterioridad.

Era una persona muy atenta, con una personalidad afable (…). En el estadio lo reconocí inmediatamente. Incluso me acerqué, pero hizo como que no me conoció. Era la persona de más alto rango en el recinto" contó Ávila a un diario de Santiago.

No se trata del único militar involucrado en la muerte de Víctor Jara. Las investigaciones iniciadas contra él en el 2004 continuaron hasta el presente año a fin de identificar a otros oficiales. En el proceso se probó la jefatura de Manríquez en el estadio y se citó nombres de otros oficiales.

Pero hace unos días el juez Juan Fuentes Belmar cerró la investigación sin acusar a nadie más. A Joan y Amanda Jara, viuda e hija de la víctima, la conclusión les ha sabido a muy poco. "Estoy muy preocupada, porque se cierra un caso que, se supone, es emblemático. Qué pasa ahora con todos los otros casos del Estadio de Chile", dijo la viuda a la radio Cooperativa.

Para el abogado Nelson Caucoto nada está perdido. "Es seguro que vamos a reabrir la causa y avanzaremos en la identificación de otros implicados. El coronel Manríquez trata de aminorar su responsabilidad indicando que no conocía a Víctor Jara. Pero una persona encargada de un recinto de prisioneros tiene el papel de garante de la seguridad, la integridad y la vida de todos en el lugar", dijo a DOMINGO.

Si se prueba la participación directa de Manríquez en el crimen durante el juicio que vendrá, le aguardarían no menos de 15 años de reclusión de acuerdo con otros fallos.


"EL PRÍNCIPE" Y OTROS MÁS

 
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Rostros del terror. Arriba, Edwin Dimter, ex oficial del Ejército. Se sospecha que es “El Príncipe”, autor del asesinato de Jara, pero no está probado. Abajo, imagen de TV del coronel (r) Mario Manríquez, único acusado por el crimen.
 
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¿Quiénes son las otras personas involucradas en el crimen del célebre cantor? En la prensa y en la propia investigación surgieron otras pistas. Muchos detenidos recuerdan a un joven teniente que era el más sanguinario de cuantos se encargaron de mantener bajo control a los prisioneros en el estadio.

Le decían "El Príncipe" y, según publicó el diario La Nación, "era alto, rubio, de ojos azules, pelo engominado hacia atrás: un perfecto pije que se paseaba en los pasillos superiores del estadio como pavo real (…) permanentemente amenazando e insultando a los prisioneros".

"¿Me escucha la cloaca marxista? ¿Me oyen los comemierda? ¡Ahora se acabaron los discursos, chuchas de su madre! Ahora van a tener que trabajar. A los que se nieguen a trabajar, los fusilaremos. ¿Me escuchan los vendepatria?... ¡Tengo voz de Príncipe!", se le escuchaba decir. Y ¿quién era –y es– El Príncipe? Era un oficial de 23 años entonces. Muchos de los testigos que han declarado ante la justicia lo identifican como el teniente (r) Edwin Dimter Bianchi.

En mayo del 2006 organizaciones de derechos humanos lo ubicaron trabajando para la Superintendencia de Administradoras de Fondos de Pensiones (SAFP) en Santiago. Citado a declarar, Dimter aceptó que estuvo destacado en el Estadio de Chile, pero no aceptó ser "El Príncipe". Y no se pudo probar lo contrario.

Ningún oficial acepta ser "El Príncipe" porque según muchos testimonios este oficial sí tuvo injerencia directa en las torturas y muerte de Víctor Jara. Hay testigos que afirman que estaba en las golpizas que le propinaban. Y en las de muchos otros. Se cuenta que una vez tropezó con la pierna de un prisionero tendido en el suelo y, de la rabia, ordenó que lo mataran a culatazos. Un nazi completo.

Otros oficiales que estuvieron en el Estadio de Chile ya identificados son el teniente coronel Roberto Souper y el teniente Raúl Jofré Gonzales. Junto a Dimter habían participado en un alzamiento contra el gobierno de Allende y estuvieron presos varios meses hasta que fueran liberados el día del golpe.

Al día siguiente los destacaron al estadio. "Dimter y Jofré fueron los más ‘perros’ en el Estadio. Tenían sangre en el ojo. Venían con mucha odiosidad por haber estado presos. (…) El ensañamiento para con los presos se explica por el estado psicológico con que venían," contó un oficial del Ejército, citado en un artículo de la página web PiensaChile.com.

 
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Represión. Tras el golpe en Chile las detenciones de universitarios y activistas de izquierda como Víctor Jara eran comunes. Aquí un grupo de mujeres llegando al Estadio de Chile.
 
¿Pueden ser estos oficiales los asesinos de Jara? Eso debía establecerse en la investigación que se ha cerrado, pero no se los incluyó. "Hay nombres y sobre eso se está trabajando, pero nos falta un mayor cúmulo de información y por eso apelaremos para la reapertura de la investigación", dice Nelson Caucoto, el abogado de la familia Jara.

También señala que como el Ejército se ha negado a informar sobre los otros oficiales del estadio insistirá en su llamamiento público a los cinco mil detenidos que hubo en el lugar, a los oficiales retirados y a los conscriptos que sirvieron ahí para lograr la identificación de los responsables directos o indirectos.

No parece estar solo en este empeño: los parlamentarios oficialistas Antonio Leal, Ximena Vidal y Tucapel Jiménez han pedido la reapertura del proceso indagatorio y afirman que el Ejército conoce el nombre actual del oficial apodado "El Príncipe", por lo que deberían proporcionarlo.

"No se puede actuar con complicidad respecto de un grupo de oficiales que torturaron, quebraron las manos y asesinaron de 44 balazos al más grande de los cantautores nacionales", dijo Leal. Todo indica que se reabrirá la investigación. Mañana lunes Joan Jara encabezará una manifestación frente a los tribunales de Santiago para hacer el pedido. Treinta y cinco años después la sombra de Jara sigue pidiendo justicia, como en sus canciones.

EL CANTOR POPULAR

 
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Foto del recuerdo. Siguen peleando para que procesen a los asesinos del cantautor.
 
Víctor Jara fue asesinado pocos días antes de cumplir 41 años. Vivió relativamente poco, pero dejó una obra ya considerada parte de la historia musical-cultural chilena y latinoamericana. Estudió en un seminario católico y allí aprendió canto impulsado por su fascinación por la música, pues nunca tuvo formación académica.

Antes de hacerse cantautor se interesó en el teatro e hizo una carrera destacadísima en este rubro. Se vinculó al mundo del folklore como director artístico e intérprete. En 1966 apareció su primer long play como solista: "Víctor Jara". También se hizo director artístico del grupo Quillapayun y grabó con ellos "Canciones folklóricas de América"

 
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FAMILIA. Joan y Amanda Jara, viuda e hija de Víctor Jara, en un acto cultural reciente.
 
En 1969 ganó el Primer Festival de la Nueva Canción Chilena con el tema "Plegaria a un labrador". A partir de ahí llegarían nuevos discos y se convertiría en un ícono de la canción de protesta, de alto contenido social en Latinoamérica. Su tema más recordado es "Te recuerdo Amanda", pero también la "Zamba del Ché", o "El derecho de vivir en paz".

Cuando Salvador Allende llegó al gobierno en Chile, apoyó el proyecto socialista de Jara en el ámbito cultural. Fue detenido el 12 de setiembre de 1973 y asesinado en el Estadio de Chile. Su esposa pidió una investigación en 1974, pero el caso fue sobreseído. Treinta años después –en el 2003, sin dictadura– el estadio se rebautizó con su nombre.

Una placa con un poema suyo se colocó en una de las puertas. Dicen que por ahí salió su cuerpo sin vida el día que lo mataron.